El hombre-Narciso sólo ama su reflejo. No mira. No escucha. No ama. No cambia. No quiere conocer.


 El hombre-que-mira abraza lo lejano y desaleja desde el afecto cualquier distancia.


 El hombre-que-mira despierta lo sagrado cuando se hace pequeño y abraza lo diminuto.


 La mirada desnuda, que se acerca al mundo tal cual es, pierde su poder cuando cae en la tentación de los filtros.


 El hacer humano. Las siembras. La intención del hombre es simplemente ampliación de luz o ampliación de sombra.


 La belleza y el crecimiento de la cultura humana se basa en la recurrencia siempre ampliada de sus orígenes.


 El hombre antiguo comprendió que las Texturas del Ser son circulares, recurrentes y protectoras permanentes del origen.


 La Textura Fibonacci nos invita a mirar la vida no como liberalidad sino como recurrencia y ampliación permanente del origen.


 Las manos también son ojos. Miran y nos miran. Cómo habitan estas manos en nosotros? La Mano Cubista, la Mano Pop y la Mano Virtual.

 


Las manos también son ojos. Miran y nos miran. Cómo habitan estas manos en nosotros? La Mano Impresionista, la Mano Expresionista y la Mano Surrealista.


 Las manos también son ojos. Miran y nos miran. Cómo habitan estas manos en nosotros? Las manos en el Arte Barroco, el Arte Ilustrado y el Arte Romántico.



Las manos también son ojos. Miran y nos miran. Cómo habitan estas manos en nosotros? La mano en el Arte Medieval y la Mano en el Arte Humanista




 


 Las Texturas del Ciclismo nos invitan a comprender el camino, el vacío y el paso a paso desde otra mirada.

 


Los pequeños miedos cotidianos abandonan la Gran Selva del Ser y entran ahora al ámbito doméstico para acompañarnos en la cercanía.