La textura de la semilla nos invita a permanecer atentos, conscientes de la apertura del ser en el aquí y el ahora.

 


El jardín eterno nos mira y nos invita a contemplar la belleza del camino en el interior del ser.

 


El huevo Fabergé nos invita a mirar la esencia como atención y posibilidad permanente de color y belleza.

 


Mirar es liberar. Abrir jaulas, una y otra vez. Permitir que las texturas sean cada instante lo que son.