La textura de la semilla nos invita a permanecer atentos, conscientes de la apertura del ser en el aquí y el ahora.

 


El jardín eterno nos mira y nos invita a contemplar la belleza del camino en el interior del ser.

 


El huevo Fabergé nos invita a mirar la esencia como atención y posibilidad permanente de color y belleza.

 


Mirar es liberar. Abrir jaulas, una y otra vez. Permitir que las texturas sean cada instante lo que son.

 


La belleza reposa en cada esencia existente esperando a ser mirada, despertada, e iluminada de nuevo.

 


Apertura de ojos. Despliegue de posibilidades. La textura del Pavo Real nos invita a abrazar la belleza y variedad de nuestras miradas.


 


Extraña, imperfecta, lenta. La textura del Caballito de Mar nos mira desde la belleza y la esperanza de lo imperfecto.

 


La ostra quiere vivir. Abraza la muerte con su impulso de nácar y revive como belleza de perla.


 


La textura del ave no es sólo aérea. El ave es tierra y cercanía. Es nido que emana desde su interior.

 



La textura de la oveja nos invita a mirarnos desde la tibieza y la calidez. Nos convoca a ser Lana, a ser Refugio y a ser Hogar.

 


El caracol no “carga” su casa. La Produce, la segrega. De igual manera, el hogar y su sentido nace de nosotros mismos.

 


La textura de la araña nos invita a mirar la quietud y la esperanza en el hilo frágil y profético del ser que se le ofrenda al tiempo.